Cualquier lugar es bueno para dar de mamar – Miércoles Mudo

Miércoles Mudo” es un carnaval de blogs o blog hop iniciado por Maybelline de Naturalmente Mamá y participar es muy fácil, solo debes publicar los miércoles una foto (s) sin escribir nada para explicarla (s) (de ahí viene lo mudo). Luego no olvides enlazar en el linky que está debajo y dejar un comentario en cada uno de los blogs que decidas visitar. Para conocer como nació el Miércoles mudo y sus reglas, puedes hacer click aquí.

Lactancia y Estenosis Hipertrófica de Píloro (EHP)

Lucas nació el 12 de diciembre,  el 28 (día de los Santos Inocentes…¡menuda inocentada¡), cuando tenía 16 días algo comenzó a ir mal. Primero fueron pequeños vómitos tras las tomas. Las primeras voces que se pronunciaron, las familiares, anunciaron reflujo gastroesofágico… aunque hubo alguna que indicó que lo que le ocurría era que “le daba demasiada teta”… yo había puesto en práctica la lactancia a demanda y esta no era bien entendida en un entorno que solo conocía el biberón y la alimentación cada tres horas.

Poco a poco los vómitos se intensificaron. Se producían a partir de la media hora posterior a la toma y cada vez eran mas abundantes, “llamativos” (tenían la apariencia de leche cuajada)  y “explosivos” (llego a vomitar con el pecho dentro de la boca mientras lactaba).

Tuvimos que acudir tres veces a urgencias pediátricas hasta que el 1 de enero (buena forma de comenzar el año), con 20 días, le diagnosticaron Estenosis Hipertrófica de Píloro (EHP). Durante esas visitas previas al diagnostico escuchamos evaluaciones que iban desde una bronquitis leve a “paranoias de madre primeriza puesto que todos los bebes vomitan” (sobre esta última frase emitida por un pediatra de guardia no haré comentarios… en el momento que la pronunció su criterio dejo de tener validez para mi). Sigue leyendo

¿Como aumentar la producción de leche materna?: Plantas galactogogas o galactógenas.

Desde el momento en que descubrimos que estamos embarazadas tratamos de evitar en la medida de lo posible la utilización de fármacos que pudieran alterar nuestro estado o afectar al niño que estamos gestando. Cuando el pequeño nace y si optamos por la lactancia materna cuidamos aún más si cabe la ingesta de medicamentos para evitar que cualquier componente nocivo pase al niño desde nuestra leche.

Por todo ello elegimos en muchos casos remediar nuestras dolencias recurriendo a la fitoterapia o herbolaria, practica tan antigua como el hombre. O lo que es lo mismo, usamos plantas medicinales con fines terapéuticos.

Una de las mayores preocupaciones de las mamas que optan por la lactancia materna es si producen suficiente leche para compensar las necesidades de alimentación de sus hijos. ¿Como aumentar la producción de leche materna?. Todas nos hemos preguntado en uno u otro momento si de nuestros pechos emanara suficiente leche. Nuestra preocupación aumenta conforme lo hacen los comentarios sobre el poco peso ganado por el niño, la frecuencia con la que demanda tomas (con una recurrencia “excesiva”, incumpliendo la “norma” de las tres horas… ¡ni que las necesidades nutricionales y de afecto de un lactante fueran relojes suizos de precisión¡…), la poca leche que extraemos cuando recurrimos a los sacaleches para cubrir emergencias, el pequeño tamaño de nuestros senos en comparación con el tamaño de nuestro hijo… Sigue leyendo

Lactancia y menstruación

La regla, el periodo, la menstruación, el mes, o como decían nuestras abuelas “la demostración”, esa amiga inoportuna que nos visita mes si, mes también para hacernos la vida mas complicada con sus molestos dolores de ovarios, de espalda, jaquecas, cambios de humor, irritabilidad, inflamación de los pechos, hipersensiblidad en la piel y el corazón….y a la que no echamos nada de menos durante los 9 meses de embarazo y los posteriores de amenorrea (ausencia de regla) tras el parto.

La lactancia materna exclusiva ayuda a que su visita se difumine en el tiempo, pero como no hay dos mujeres iguales, tampoco hay una fecha estandarizada en la que nuestra compañera “mujer de rojo” nos vuelva a visitar tras haber sido mamas. Hay mujeres que cuentan que apenas acabada la cuarentena ya reapareció en sus vidas, otras que fue tras la introducción de la alimentación complementaria de sus pequeños, algunas que tardo mas de un año en aparecer…

En mi caso, lactando en exclusiva durante los seis primeros meses e introduciendo la alimentación complementaria a partir de esa fecha, aunque manteniendo la lactancia a demanda, volvió a visitarme a los 13 meses de haber dado a luz. Parece ser que la vuelta a la “normalidad hormonal” tiene mucho que ver con el tiempo que transcurre entre toma y toma. Si estas comienzan a espaciarse en el tiempo (mas de 3 horas) y a reducirse el número de tomas diarias/nocturnas (6 o menos) es cuando retorna la ovulación y posterior sangrado.

Aunque con posterioridad he vivido una experiencia que mis amigas que no tienen hijos han calificado como “maravilla hormonal”. Cada año desde entonces, al llegar el verano, la regla me abandona, se va de vacaciones como el resto de trabajadores, y retorna a mi vida puntualmente en septiembre dejándome el verano libre de molestias. No se si tiene que ver el cambio de temperatura, el cambio de residencia durante esos meses (explicaciones varias que me han dado durante este tiempo) o mas bien que mi hijo demanda mas teta durante el día consecuencia del calor y eso provoca un reajuste hormonal que afecta a la ovulación.

Desde hace muchos meses me insisten en que debo darle un hermanito a Lucas, y muchas también son desde entonces las voces que le echan la culpa de su ausencia a mi “cabezoneria” en mantener la lactancia. Consideran erroneamente que por haber lactancia no hay regla, y consecuentemente no hay ovulación ni embarazo. Siento decirles que no se debe a ello, la lactancia no es un método anticonceptivo, pese a que en otras épocas el periodo de lactancia marcaba la distancia entre un embarazo y el siguiente, ya que en esos momentos de la historia aparte de consecuencia de la lactancia la amenorrea de esas mujeres y su consiguiente ausencia de ovulación también se debía a las carencias alimenticias.

¿Y a vosotras, cuanto tardo en volver a lucir el “semáforo rojo” en vuestra vida tras el parto?

 

 

¿Por qué colaboro con un grupo de apoyo a la lactancia?

Entre en contacto con “Criando, apoyo a la lactancia materna” a finales de 2009 cuando mi hijo estaba a punto de cumplir 2 años, hasta entonces no había tenido ningún problema grave con la lactancia, los pequeños inconvenientes que me habían ido surgiendo los había resuelto guiándome por el instinto. En ese momento tampoco tenía ningún problema real, pero en mi entorno las voces críticas aumentaban por días y tanto comentario negativo comenzó a crearme la inquietud de que tal vez no lo estaba haciendo bien y que prolongar la lactancia hasta que mi hijo quisiera destetarse pudiera no ser la opción adecuada. Fue entonces cuando entre en contacto con la asociación y con las mamas que habitualmente colaboran con “Criando, apoyo a la lactancia materna”.

Para mi hay un antes y un después de aquella visita, me sentí arropada, comprendida y eso que en la mayor parte de aquella conversación tan solo fui yo la que me pronuncie y relate lo que me sucedía. En ningún momento trataron de coaccionarme ni para que mantuviera la lactancia ni para que destetara, y eso era ya mucho mas de lo que me ofrecía mi entorno directo, incluso aquellos que no criticaban mi lactancia.

Estar con mamas que habían pasado por las mismas experiencias, las mismas criticas, las mismas miradas de reprobación me hizo sentirme como en casa, una casa de lactancia muy agradable, y eso que algunas de ellas ya tenían niños mayores que ni se acordaban de la teta.

Por tanto que recibí en aquellas primeras visitas me anime a participar activamente en el grupo de apoyo, involucrarme y ayudar a otras mamas con mi experiencia, mi apoyo, mis oídos bien abiertos para escuchar su historia, mi boca bien cerrada cuando son ellas las que deben hablar y abierta para exponer mi punto de vista sobre sus problemas, mi hombro para llorar, mi abrazo para acogerlas cuando las fuerzas flaquean y parece que todo se viene abajo, y la sonrisa siempre en los labios para celebrar una lactancia feliz…. En definitiva devolver lo que recibí.

¿Y vosotras, como, cuando y por qué comenzasteis a colaborar con los grupos de apoyo a la lactancia?

Pre-lactancia

Durante el último trimestre de gestación acudí a clases de preparación al parto. Eran sesiones que se repetían dos veces por semana en las que una matrona nos aleccionaba sobre cuales eran las señales a las que teníamos que prestar atención cuando se acercará el término de nuestra dulce espera.  En esas charlas nos recordaba una y otra vez que si había perdida de sangre  o si se producía la rotura de la bolsa debíamos acudir de inmediato al centro de salud, pero que si los primeros síntomas que percibíamos eran contracciones, debíamos esperar a que estas se produjeran espaciadas entre 5 y 10 minutos siempre que fuésemos primerizas y no esperar tanto si era nuestro segundo parto.

En ellas también nos mostraba como debíamos respirar para afrontar las diferentes fases del parto, haciendo inspiraciones más o menos rápidas o profundas dependiendo de la fase en la que nos encontráramos. Al tiempo, tumbadas en el suelo, nos mostraba cuales eran las posturas mas adecuadas para descansar la espalda en esas últimas semanas, sin olvidar aquella en la que debíamos simular que estábamos ubicadas en el temido potro agarradas a los tobillos con fuerza para efectuar un falso pujo.

También había espacio en ellas para hablar del expulsivo, de la epidural y de los cuidados que debíamos propiciarle a la cicatriz que muy posiblemente nos produciría la episiotomía, una nueva palabra que junto con otras tantas desconocidas, como oxitocina o monitorización, comenzaron a teñir con un tono grisáceo lo que se suponía que debía ser un parto natural y que tantas veces había imaginado como una experiencia primitiva en la que mi fuerza física y mental me ayudarían a traer a mi hijo al mundo, en la que el personal médico únicamente estaría presente para solventar posibles complicaciones.

Hubo tiempo además para explicar la importancia de tener un periné suficientemente elástico en el momento de la expulsión, hecho que podíamos conseguir aplicando aceite de rosa mosqueta en esas semanas previas al gran día del parto. Hizo incluso referencia a un ejercicio de contención de orina para recuperar posteriormente la elasticidad en la vagina, reforzando la musculatura de la zona para evitar en la medida de lo posible perdidas de orina tras el parto.

Esas clases tenían una hora de duración, media hora para la exposición teórica y otra media para los ejercicios de respiración y relajación.

En esos tres meses no me perdí ninguna de aquellas sesiones y tan solo en una de ellas la matrona hizo referencia a la lactancia. No hablo de la importancia de que el primer contacto entre el bebe y el pecho debía producirse lo antes posible; ni de que cabía la posibilidad de que en el nido se le suministrara suero glucosado, incluso algún biberón de leche artificial; tampoco de la importancia de tener al peque al lado para poder satisfacer su necesidad de alimento tan pronto como lo requiriera, aunque esta incumpliera los horarios establecidos por pautas estrictas y totalmente incompatibles con las necesidades de un recién nacido….

Esa única referencia a la lactancia se produjo además en un tono tan jocoso que salí de allí preguntándome si había estado presente en la escenificación de un chiste o de un consejo real. “Cuando llegue el momento de dar el pecho por primera vez, si optáis por la lactancia materna, pedid a vuestro marido o compañero que expulse de la habitación a todas las visitas, en especial a madres, cuñadas y suegras… de buena mano os prevengo contra su presencia en la habitación si queréis tener éxito en esa misión”. Recuerdo habérselo comentado a mi compañero de pasada. En aquel momento no entendí que podía haber de malo en que las abuelas de mi hijo o sus tías estuvieran presente mientras amamantaba a mi hijo ¿no se suponía que la lactancia era algo natural? ¿Por qué debía hacerlo en soledad la primera vez?. En ese momento me pareció un consejo un tanto pretencioso y no volví a pensar en él, pero cuando mi compañero invitó a mi madre y a mi suegra a que abandonaran la habitación cuando me disponía a iniciarme en el viaje de la lactancia comprendí y agradecí ese consejo…

Mi posterior experiencia como mama lactante y fundamentalmente el contacto con los grupos de lactancia me han hecho darme cuenta de la gran laguna existente en los cursos de pre-parto. Resulta imprescindible en todos ellos la existencia de no una, sino varias exposiciones referentes a la lactancia: la importancia de las primeras horas; prevención de malas posturas de colocación del bebe; información sobre la subida de la leche, la importancia y beneficios del calostro en el lactante; trucos para evitar las típicas molestias de mastitis, grietas en los pezones, mal agarre del bebe; desmitificar la rigidez de tomas y dar a conocer la normalidad de la lactancia a demanda; la importancia de la tranquilidad de la mama y el apoyo imprescindible de la pareja y familia que la acompañe esos primeros días….

Al conjunto de todas estas cuestiones imprescindibles para al menos intentar una lactancia exitosa deberían dedicarse no uno, ni diez, ni veinte, sino muchos minutos, tantos como hiciera falta para recuperar la confianza en que podemos realizar con naturalidad algo para lo que estamos biológicamente preparadas, para lo que no necesitamos nada mas que confianza en nosotras mismas y en nuestro cuerpo. Deberían estar integradas en el programa de las matronas como “pre-lactancia” y ser impartidas con normalidad y rigor dentro de los cursos de preparación al parto.

Mientras eso sucede y asistimos a la normalización de la preparación a la lactancia podemos contar afortunadamente con la inestimable labor de los grupos de apoyo que con sus charlas a embarazadas llenan de información y respuestas las lagunas que en otras culturas se suplen con la imitación del entorno, tras haber observado durante años a las mujeres de la familia cumpliendo su labor de mamíferas con naturalidad, y que en nuestra sociedad super-evolucinada tecnológicamente hemos olvidado.

Con esas charlas de pre-lactancia nos colocamos en el punto de partida de una nueva carrera de reaprendizaje que nos permitirá abandonar el analfabetismo biológico en el que nos hemos sumido, para volver a ser lo que nunca debimos dejar de parecer: mamíferas.

Comenzando…

Cuando hace cinco años descubrí que estaba embarazada mi última preocupación era si iba a dar pecho o biberón a mi bebe. Los primeros meses eran otras las dudas y los temores que me embargaban: ¿me estaba alimentando correctamente para que el feto se desarrollará de forma optima? ¿estaba descansando lo suficiente? ¿los malestares que sentía eran los normales? ¿se estaría formando correctamente el pequeño en mi interior? ¿soportaría el dolor en el parto? ¿sería una buena madre? ¿sabría cuidar a un bebe tan pequeño? ¿podría responder a sus necesidades con mis habilidades y conocimientos?….

Durante aquellos meses previos a la llegada de mi hijo leí mucho, leímos mucho, unas veces en solitario sobre temas que nos preocupaban de forma individual, otras juntos sobre temas que afectaban a nuestro devenir como pareja y como futuros papas (embarazo, parto, postparto, crianza, educación, sexo….). Leímos sobre muchos temas, pero el de su alimentación prácticamente estuvo ivernando hasta el último trimestre. Todavía recuerdo cuando un día mi compañero se acerco y me dijo: “¿Hasta que edad vas a darle pecho al niño? Acabo de leer que la OMS recomienda hacerlo hasta los dos años. Yo quiero que le des teta hasta esa edad o mas”. Mi cara debió ser un poema. Muchas imágenes inundaron mi cabeza (la hija recién nacida de mi mejor amiga enganchada al pecho de su madre, el hijo de 8 meses de una amiga de mis padres sentado en mi regazo tomando un biberón, primos de 2 y 3 años llenando sus manos con gusanitos y metiéndolos a presión en la boca y mordiéndolos con fruición….), y una sonrisa burlesca apareció en mis labios… “¡Mira que eres exagerado para todo¡ ¡Que va a hacer un niño de 3 años mamando¡ ¡Que cosas se te ocurren¡”. Sigue leyendo