El sacaleches: ¿aliado o enemigo de la lactancia?

Aunque lo ideal para tener una lactancia feliz y exitosa es que sea el bebe quien extraiga él mismo la leche mediante la succión, hay ocasiones en las que el sacaleches te ayudará a mantener la lactancia”.

Así os explicaba en el último post “Los 10 productos básicos para mantener la lactancia materna con éxito”, cuál era la posición que el sacaleches había jugado en mi caso. Un producto que me había ayudado a MANTENER la lactancia materna de forma exitosa con Lucas.

Escribo MANTENER con mayúsculas para explicar algo que creo, por los comentarios que he leído en las redes sociales al respecto, que tal vez no queda claro en su exposición. MANTENER es conservar, preservar, proseguir. Nunca ESTABLECER. Porque si alguien entiende que para establecer o instaurar la lactancia materna puede hacerlo en exclusiva con un sacaleches y mantenerla de forma prolongada únicamente con la utilización de una máquina, está errando en sus apreciaciones sobre lo que es y en que consiste la lactancia materna.

Para que entendáis a que me refiero con lo de “producto que me ayudo a mantener mi lactancia” cuando hablo del sacaleches nada mejor que contaros mi experiencia personal.

La primera vez que alguien me sugirió que lo usara fue a los 5 días de dar a luz en la primera consulta con mi matrona. El día antes se produjo la subida de la leche. De repente me encontré con unos pechos como los de Pamela Anderson, duros como piedras, con las venas muy marcadas y mucha sensación de calor y dolor ante la presión en ellos. Lucas mamaba bien, no tenía problema de succión, mamaba regularmente (“demasiado a menudo” como comenzaban a decir a mi alrededor), se había enganchado perfectamente, no tenía grietas, … pero le faltaba fuerza y su estómago todavía no era capaz de albergar la cantidad de leche que mi cuerpo producía.

En esa primera revisión con la matrona le mostré preocupada como en una zona concreta del pecho derecho, pequeñas gotas de leche salían por la piel y por la parte exterior de la areola. Me dijo que se debía a conductos obstruidos, que no me preocupara, la leche buscaba salida y mientras la encontrara no había problema. Ahora bien, insistió mucho en que lo principal era ablandar los pechos y proceder a la extracción de la leche que Lucas no era capaz de tomar, para evitar una mastitis. Me aconsejo poner calor seco en el pecho, o duchas de agua caliente, tras lo cual debía masajear el pecho con movimientos circulares para activar la salida de la leche. Me hablo de que lo ideal era que fuese el bebe el que sacará la leche, pero que si veía que tras la toma el pecho quedaba duro debía recurrir a la extracción artificial, bien usando las manos, o bien utilizando un sacaleches.

Una vez en casa probé primero con el calor seco y la succión del bebe. El pecho seguía estando duro. Pasamos a la estimulación manual, pero no logre extraer más que unas gotas. A lo largo de todo el día continué poniendo calor seco y colocando a Lucas al pecho cada vez que estaba despierto, aunque no hubiera pedido teta, … intentando lograr el vaciado de los pechos.

A los dos días ya estaba desesperada: calor seco, masajes, duchas de agua caliente, masajes, intentos de extracción manual, succión del bebe… En ese momento me vino a visitar una amiga que había tenido una niña un año antes, también le había dado el pecho y me traía un sacaleches manual que le habían regalado y que no había llegado a utilizar en todo su primer año de lactancia (como ya explicaba más arriba, no todas acabamos necesitando de la ayuda del sacaleches). Lo probé. Sinceramente me hacía bastante daño. Logre sacar como medio vaso entre los dos pechos (aproximadamente unos 60 ml) después de mucho esfuerzo (los sacaleches manuales funcionan por medio de una palanca que debes accionar para producir la sensación de vació en el cuenco en el que se coloca el pecho y que imita la succión del bebe).

sacaleches-manual-palanca

En aquel momento pensé que si eso tenía que ser así todos los días en cuanto mi marido tuviera que volver a trabajar la lactancia no iba a durar mucho más, ya que le necesitaba a él para hacer fuerza con la palanca…, supongo que era la falta de práctica y el estado general de atolondramiento en el que te encuentras apenas unos días después de dar a luz. No sé si fue gracias a esa extracción o a que Lucas ya tomaba más cantidad, o que mi cuerpo regulo la cantidad de leche que debía producir…, pero a los 9 días la lactancia ya había tomado otro ritmo, seguía teniendo los pechos duros pero ya no me brotaba leche por la piel y tampoco por la areola. Así pues mi primera crisis con la lactancia se había resuelto. Supongo que gracias a todos los factores: los consejos de calor seco y posteriores masajes de la matrona, colocar más a menudo al bebe y también a la ayuda del sacaleches en el día más crítico.

Mi segundo encuentro con el sacaleches no tardó mucho en producirse. Cuando Lucas tenía 20 días le diagnosticaron “Estenosis Hipertrófica de Píloro”. Fueron 4 días sin poder alimentarle… y aun así la lactancia se mantuvo… en este caso GRACIAS al sacaleches. Primero gracias al sacaleches tipo pera que me facilitaron en el hospital donde se produjo el ingreso, y más tarde gracias al sacaleches eléctrico situado en la sala de extracción del hospital donde le operaron. Ya escribí sobre aquella experiencia en el artículo “Lactancia y Estenosis Hipertrófica de Píloro”.

De todo lo que viví y que tiene relación con el tema del sacaleches que ahora nos ocupa tan solo decir que si no hubiera sido por su utilización la lactancia de Lucas se habría acabado en la sala de urgencias. Cuatro días sin poner un niño al pecho cuando este tenía menos de un mes y su posterior relactación sin la ayuda del sacaleches hubiera abocado mi lactancia al fracaso.

Sobre los dos tipos de sacaleches que use en aquel momento: el eléctrico del hospital (“la ordeñadora mecánica” como lo llamaba mi compañero) y el manual de pera (“el artilugio del demonio” como lo han definido algunas de las mamas con las que compartí la experiencia de su uso) decir que si hubiera tenido que prolongar su uso en el tiempo no me hubiera quedado con ninguno de los dos, pero que si tuviera que analizarlos fríamente diría lo siguiente.

Sobre el sacaleches eléctrico del hospital: Debería haber alguien del personal sanitario para explicar su uso… Acabe descubriendo los secretos de su funcionamiento gracias a las otras mamas que compartían la sala conmigo y que me fueron instruyendo sobre el manejo de las diversas velocidades y algún que otro truco para que la leche fluyera cuando era imposible tener calor seco para estimular la extracción…, una de ellas, ya veterana (llevaba varios meses con su niño ingresado porque había nacido prematuro y traía todos los días puntualmente su neverita con la leche extraída durante el día para que se la dieran a su pequeño y de esta forma su lactancia no acabara antes de empezar y su hijo pudiera disfrutar de los beneficios impagables de la leche materna para su recuperación y desarrollo) me aconsejo pensar en el peque justo cuando colocara mis pechos en el extractor, decía que una foto también ayudaba, o que estuviera con él en la sala (si me dejaban) para después colocarme el sacaleches… de esta forma mi cuerpo reaccionaria más rápidamente y la leche fluiría con más facilidad…. Pese a todo el balance de aquellos días enganchada a aquella máquina solo puedo resumirla de la siguiente forma: dolor, irritación, sequedad de los pezones… aunque pude continuar la lactancia… por lo que el balance no es negativo… digamos pues que se quedó en un empate técnico.

Sobre el sacaleches de pera: Pese a que parece el menos práctico de todos los que hay en el mercado, en mi caso fue el que mejor resultados me dio. Su uso era fácil, nada incómodo y aunque acabe con cierto dolor en el antebrazo consecuencia de la fuerza que había que realizar para producir el vacío que facilita la extracción, al contrario del manual de palanca, podía utilizarlo yo sola sin necesidad de ayuda… En contrapartida decir que sacaba mucha menos cantidad que con el eléctrico del hospital… pero como solo tenía que usarlo por las noches (durante el día podía usar el del hospital) la producción de leche no se vio, en general, muy mermada.

sacaleches-manual-pera

La tercera vez que tuve que usar el sacaleches durante la lactancia de Lucas fue aproximadamente a los 3 meses. Me salió en el pecho izquierdo un “punto blanco o perla blanca de leche”. Tarde en saber que era lo que me producía tanto escozor y molestia, que era lo que hacía que mi pecho estuviese duro en una zona concreta y que el solo contacto con la boca del niño me produjera aquel dolor horrible tipo calambre…, pasadas unas horas la perla se hizo visible y entonces el fin del calvario estuvo más cerca. Después de esterilizar una aguja y picar la perla, aplicar calor seco (¡bendito calor seco¡) y estimular el pecho con movimientos circulares, poner al niño al pecho para que succionara, de nuevo el sacaleches (esta vez de nuevo el tipo pera) me ayudo a extraer la leche que el peque no fue capaz, para proceder a un vaciado completo del pecho y evitar de esta forma que la perla de leche derivase en una mastitis o una obstrucción con mayor complicación.

La última vez que use el sacaleches durante la lactancia de Lucas fue al año y medio… “¡pero si a estas alturas ya no tienes leche¡” me dijo la enfermera del hospital donde de nuevo tuvo que estar ingresado (esta vez consecuencia de una fuerte gastroenteritis que le deshidrato). Solo fueron dos días los que estuvo ingresado, pero las primeras 12 horas debía hacer ayuno total, tan solo debía estar alimentado a suero… y el pecho me dolía… yo solo quería liberarlos de la tensión producida por la leche…, a esas alturas ya sabía que la lactancia no se iba a malograr por estar unas horas sin ponerle al pecho (pese a que el pobre no hacia más que buscar su “teti” tras la camiseta de mama)… pero sabía que si no sacaba la leche podía provocar una mastitis… y ya había tenido varias y eran dolorosísimas…, así que procedí a pedirle un sacaleches a la enfermera de turno… y bueno… fue un poco cínica y desagradable… pero ante mi “cabezonería” acabo proporcionándome uno y yo pude aliviarme… de regalo a tan “solicita” profesional le deje el vaso con la leche extraída en la mesita…

Hasta aquí mi experiencia con el sacaleches durante la lactancia de Lucas… dejaremos para otro día la experiencia con el sacaleches durante la lactancia de Martín…

¿Y para vosotras? ¿El sacaleches fue vuestro aliado o vuestro enemigo para el mantenimiento de la lactancia materna?

7 pensamientos en “El sacaleches: ¿aliado o enemigo de la lactancia?

  1. Pingback: Los 10 productos básicos para mantener la lactancia materna con éxito | ECV lactando

  2. Aliado! Teniendo que trabajar por las mañanas cuando mi niña cumplió 5 meses…. Lo estuve utilizando día tras día a las 11 de la mañana para sacarme la leche que ella tomaria al día siguiente en la guarde. Llegue a sacarme 200 ml de un solo pecho. Fue un elemento indispensable en nuestra lactancia. Y mi primer contacto con el fue el día que dejamos el hospital y también tenia las tetas como piedras jeje!! Me costo mucho pero algo salio! Jaja!

    • Aliado sin duda. Yo hice lo mismo que Eva, lo usaba en el trabajo y mi hija tomaba la leche que me había sacado el día anterior, hasta que cumplió un año. El sacaleches fue mi gran amigo y le tengo un gran cariño por ayudarme a seguir dándole leche materna cuando estaba trabajando. Eso sí, tengo que especificar que el sacaleches que utilizaba era eléctrico. Yo creo que indispensable que sea así.

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