Lactancia y Estenosis Hipertrófica de Píloro (EHP)

Lucas nació el 12 de diciembre,  el 28 (día de los Santos Inocentes…¡menuda inocentada¡), cuando tenía 16 días algo comenzó a ir mal. Primero fueron pequeños vómitos tras las tomas. Las primeras voces que se pronunciaron, las familiares, anunciaron reflujo gastroesofágico… aunque hubo alguna que indicó que lo que le ocurría era que “le daba demasiada teta”… yo había puesto en práctica la lactancia a demanda y esta no era bien entendida en un entorno que solo conocía el biberón y la alimentación cada tres horas.

Poco a poco los vómitos se intensificaron. Se producían a partir de la media hora posterior a la toma y cada vez eran mas abundantes, “llamativos” (tenían la apariencia de leche cuajada)  y “explosivos” (llego a vomitar con el pecho dentro de la boca mientras lactaba).

Tuvimos que acudir tres veces a urgencias pediátricas hasta que el 1 de enero (buena forma de comenzar el año), con 20 días, le diagnosticaron Estenosis Hipertrófica de Píloro (EHP). Durante esas visitas previas al diagnostico escuchamos evaluaciones que iban desde una bronquitis leve a “paranoias de madre primeriza puesto que todos los bebes vomitan” (sobre esta última frase emitida por un pediatra de guardia no haré comentarios… en el momento que la pronunció su criterio dejo de tener validez para mi).

Una vez establecieron cual era la dolencia y el tratamiento (rehidratación vía endovenosa, cirugía y cese de la alimentación oral hasta que esta se llevará a cabo) nos sentimos mucho mas aliviados, aunque todos esos pasos supusieran trasladar a Lucas casi 200 km al hospital con cirugía pediátrica mas cercano.

24 horas después del diagnostico, tras haberle rehidratado,  le trasladaron. 72 horas (3 días) después del ingreso le operaban. 84 horas tras la entrada en el hospital comenzaban a alimentarle de nuevo por vía oral. 96 horas (4 días) después del comienzo de la pesadilla podía volver a colocármelo al pecho. 120 horas (5 días) después de salir de casa con un niño enfermo volvíamos a casa con un niño sano.

El trago de ver a tu bebe de días enganchado a un montón de tubos y sondas no se lo deseo a nadie. Ver que sufre y no poder cogerlo, abrazarlo, mimarlo, ofrecerle el calor de mi cuerpo, mi pecho para consolarlo, para aliviarlo, para protegerlo ha sido la experiencia mas dolorosa que he vivido. Tener que conformarme con verle, consolar su llanto a través de un cristal me hizo sentir impotente. Fueron días muy duros pero de los que salimos fortalecidos como padres.

La experiencia de tener un hijo hospitalizado es dura, triste, agónica. Si no hay complicaciones (como fue nuestro caso) todo queda en una anécdota para el recuerdo. Los niños se recuperan mas rápido incluso que las cicatrices que marcan su cuerpo, para ellos esa marca será el único recuerdo de la experiencia… aunque los padres no podamos olvidarla del todo nunca.

Esa experiencia me mostro muchas realidades nuevas (para mi desconocidas hasta entonces), a la vez que me hizo reafirmarme en mi deseo de dar el pecho: Desde que nos solicitaron que dejáramos de alimentar a Lucas para facilitar las pruebas previas al diagnostico, hasta que este fue efectivo, pasaron 5 horas durante las cuales ningún miembro del personal médico que nos estaba atendiendo y que sabía que le estaba alimentando a base de lactancia materna, me facilito información sobre lo que debía hacer. Mis pechos estaban llenos, duros, me dolían… y aunque mi compañero insistió varias veces para que me dieran un sacaleches nadie le escucho. 6 horas después una “solicita” enfermera le ofreció unas pastillas para cortarme la leche. ¿No entendían que yo no quería dejar de darle el pecho solo porque estuviera enfermo? En algún momento volvería a estar sano y entonces allí estarían mis pechos para ayudarle a recuperarse. Otra enfermera escucho la conversación y contradijo a su compañera (bendita aparición, salvo mi lactancia), me facilito un sacaleches manual y me recomendó que me la extrajera cada 3 horas. Me costo esfuerzo, dolor y paciencia usar aquel armatoste, pero vacié mis pechos y sentí un alivio doble:  mi lactancia estaba a salvo (hasta el siguiente contratiempo) y el malestar general que sentía consecuencia de la hospitalización del niño se atenuaba en parte porque el dolor físico cesaba.

Cuando nos trasladaron de hospital para realizar la cirugía encontré mas apoyo por parte del personal medico. Tras tener al niño controlado también se ocuparon de mi y de mis pechos. Podía utilizar la sala de extracción (con extractores eléctricos)  durante el día (mi leche sería almacenada para cuando mi hijo pudiera comenzar a recibir ingesta de alimento vía oral), durante la noche tendría que usar el extractor manual que me habían proporcionado en el primer hospital y del que no me separaba ni un segundo. La lactancia de mi hijo dependía de ellos y de mi constancia y empeño. Quería seguir amamantando y sabía que si dejaba de extraerme la leche esta me abandonaría (si no hay succión no hay producción) y mi lactancia finalizaría.

Lo mejor que hizo mi compañero aquellos días fue aislarme en gran medida de las llamadas. Probablemente (cuando me tuvieron en cuerpo presente así lo hicieron) me habrían dado mil y una razones para abandonar la lactancia. Liberarme de ese agobio que hubiera aumentado la tensión que ya experimentaba, creo que fue la clave para que me reafirmara en mi decisión de lactar. En aquellos días solo escuche a mi instinto, y este me decía que debía seguir, que la enfermedad del niño no era razón para abandonar la lactancia, sino motivo para continuarla.

En la sala de extracción conocí a otras mamas y mientras dejábamos que la vida fluyera a través de las maquinas conocí sus historias, todas muy duras, mas que la mía que se solucionaría en pocos días y con sus relatos me reafirme en mi deseo de lactar: la historia que mas me llamo la atención fue la de aquella mujer que había dado a luz cuando se encontraba de vacaciones con solo 5 meses y medio de gestación y que se había tenido que quedar en la ciudad hasta que el bebe recibiera el alta hospitalaria y que durante todo ese tiempo acudía puntualmente a la sala de extracción cada mañana portando la neverita con las extracciones nocturnas. Con ellas descubrí que el dicho “querer es poder” tiene un significado especial en la lactancia y que solo es posible llevarlo a cabo con mucha confianza en uno mismo y con mucho apoyo por parte del entorno.

Mi mayor frustración una vez pude entrar de nuevo a alimentar a mi hijo fue la imposición de tiempos determinados para darle pecho. 10 minutos en cada pecho cada 3 horas. En la primera toma solo gano 50 gramos (para la enfermera de turno era signo inequívoco de que “necesitaba suplemento, mis pechos no producían suficiente”… ), según las tablas debía ganar 60 gramos y para colmo vómito, lo que nos obligo a estar un día mas hospitalizado. ¿Que se suponía que debía pasar? ¿Solo yo era consciente de que un niño que lleva 4 días sin succionar el pecho, que ha perdido peso hasta quedarse 500 gramos por debajo de lo que peso al nacer cuando ya contaba con 24 días, no tiene fuerza suficiente para sacar del pecho todo lo que este puede proporcionarle? ¿Nadie se daba cuenta que por mucho que me había esforzado con la extracción manual y eléctrica siempre un niño realiza un vaciado mas completo del pecho que una máquina y que por lo tanto necesitábamos ambos un re-entrenamiento para volver a lactar sin problemas?. A las 2 horas y media Lucas lloraba como un jabato pidiendo teta… pero como no habían pasado las 3 horas tuve que comerme las lágrimas de impotencia y rabia al otro lado del cristal porque no me dejaron entrar a alimentarle, ni siquiera a cogerle y consolarle con mi voz y mi calor.

Cuando finalmente nos dieron el alta recibimos una carta donde nos indicaban las consideraciones que debíamos tener en cuenta con respecto a los cuidados de la cicatriz, revisiones posteriores, postura erguida en lugar de acostada, duración de las tomas (10 minutos por pecho) e intervalos de la mismas (3 horas entre toma y toma), peso del niño antes y después de la toma para asegurarnos de la cantidad ingerida (no menos de 90 gramos)… y una marca concreta de leche de formula para que su alimentación fuera optima.

 Volvimos a casa de los abuelos, los primeros días seguimos a rajatabla las indicaciones sobre la duración de la toma, los intervalos y el peso… el cirujano nos dijo que su aparato digestivo tardaría unos días en volver a la normalidad… suponíamos que aquello era el procedimiento normal… pero Lucas cada vez pedía con mayor frecuencia (su organismo tenia que recuperar el tiempo perdido, tenia hambre)… las voces que apuntaban a la leche de formula como solución a todos nuestros problemas crecían por momentos y aunque yo deje a un lado la indicación de darle cada 3 horas y volví a la lactancia a demanda siempre había un brazo presuroso que trataba de alejarme de mi misión recordándome que “el médico había dicho que solo se podía dar el pecho cada 3 horas”.

Para empeorar la situación mi compañero debía volver a reincorporarse a su trabajo, yo me quedaría dos semanas mas con los abuelos (paternos y maternos) para recuperarme de la doble experiencia del parto y de la operación del niño. Quedarme sola aquellos 15 días (no sola físicamente pero si sola en lo que respecta al apoyo moral necesario para llevar a cabo una lactancia con éxito) fue lo peor que pudo haberme pasado. La confianza en mi misma quedo enterrada tras cientos de comentarios nefastos sobre la poca valía de mi leche o el flaco favor que le hacia a mi hijo encabezonandome con algo que era palpable que no le estaba haciendo ningún bien. Yo misma fui a la farmacia a comprar la leche de formula para que me dejaran tranquila. Solo quería descansar. La primera vez que le ofrecí el biberón con la leche de formula no tomo nada. Pero en los días posteriores fue tomando cada vez mas cantidad… el biberón le proporcionaba la leche tan rápido… en cambio con el pecho debía luchar, succionar con mas fuerza… él también estaba agotado. Cada día que pasaba notaba que tenía menos leche, además tener a una persona siempre al lado vigilando que la toma durase exactamente 10 minutos por pecho no ayudaba a establecer una lactancia normal…. Y el pequeño sabía que después de esos 20 minutos de esfuerzo llegaba el biberón por el que brotaba el alimento con facilidad… cada vez se esforzaba menos.

Pasados esos 15 días volví a mi casa, sola esta vez, sin “ayuda” y esa soledad dejo tomar las riendas de la situación a mi instinto. El mismo día que llegue aparque los biberones y la leche de formula y me dispuse a reiniciar la lactancia a demanda que fue en un principio, me quite el reloj de la muñeca (han pasado años, concretamente hasta que Lucas ingreso en la escuela, para que volviera a usarlo) y deje a mi cuerpo trabajar y a mi instinto gobernar la situación. Pase cinco días con Lucas enganchado al pecho a cada segundo. Agotada físicamente pero moralmente crecida. Lo había conseguido.  La relactación había sido posible, era un hecho, solo con mi leche podía alimentarlo. Para mi no había ninguna duda… los escépticos se callaron (al menos de momento) con los resultados de las revisiones  medicas posteriores, donde mostro una evolución de peso mas que satisfactoria encontrándose en poco tiempo en los mismos niveles que cualquier niño de su edad.

17 pensamientos en “Lactancia y Estenosis Hipertrófica de Píloro (EHP)

  1. Me alegro de que lo consiguieras,yo lo pase muy mal intentando relactar y al final no lo consegui,tiene ahora 2 años y medio a aun me duele pensar que no lo pude conseguir.

    • Debes sentirte muy orgullosa por haberlo intentado. La mala información y la falta de apoyo hacen que muchas madres ni siquiera opten por el intento.🙂 Disfruta de tu hijo, su salud es el mejor regalo. Besiños.

  2. Debió de ser muy dura tu experiencia. Cada ia me sorprende mas la poquisima informacion sobre la lactancia q hay entre los medicos, y ya no te digo entre las mamás. Me alegro un monton por tu insistencia y así lo conseguiste!. Yo he estado 5 meses con un dolor en un pecho al mamar y ningun medico ni comadrona ha sabido solucionarmelo, hasta q pregunté a una mdre doula y gracias a ella he conseguido otra vez una lactancia placentera.

  3. Yo intente darle el pecho a mi hijo, pero fue imposible, todo eran contratiempos y opiniones, no conte con el apoyo necesario ni con la fuerza suficiente…ahora mi niño, que tiene 2 años, se pone malito cada dos por tres y me siento muy mal pensando en que quiza no lo intente lo suficiente…..

    • Carlota, el haberlo intentado ya es un éxito, … la falta de apoyo en el entorno frustra muchas de las lactancias, es necesaria una mejor información, no solo para las madres sino también para las familias. No tienes que sentirte mal, hiciste lo que estuvo en tu mano, céntrate en disfrutar de tu pequeño, el te dará las mayores alegrías del presente y satisfacciones del futuro. Besiños.

  4. Nosotros tambien pasamos por lo mismo( operacion de mi bebe cuando tenía 39 días de vida y un reflujo que curo a los 8 meses) y gracias a que teníamos muy claro que la lactancia materna era lo mejor para nuestro hijo pudimos seguir adelante a pesar de indicaciones médicas, de familiares y demas personas. Hoy tiene 19 meses y todavía toma teta a demanda cuando quiere.

    • Hola Eva. Lucas también sufrió reflujo, pero cuando ya teníamos la operación en la recámara del olvido. Comenzó a los 2 años y medio y se intensificó conforme se acercaba a los 3. Eran episodios de inquietud a la media hora de acostarse. Unas veces acababan en vómitos, otras se calmaba teniéndole erguido unos minutos, otras pasaban después de que se quejara un rato de dolor de estómago mientras le caían lagrimones… Estuvo con tratamiento de Ranitidina hasta que tuvo 4 años. Ahora ya esta perfectamente pero su aparato digestivo siempre nos ha dado problemas tras la operación. Volvió a estar otras 3 veces ingresado…. pero siempre el pecho fue su mejor medicina. Besiños.

  5. Me siento súper identificada contigo, salvo que yo estuve mas apoyada por mi entorno y el cirujano nunca me dio indicaciones de relleno y respeto mi lactancia materna exclusiva a demanda. Por lo que nunca le di relleno , dos meses despues de la cirugia la
    Isa empezó a vomitar de nuevo pero ahora si era reflujo por lo qe empezó a subir poco de peso así que te imaginaras la presión del pediatra por el relleno, hoy con 10 meses de mi bebe me siento feliz pk mi pequeña esta en peso normal y a pura teta además de su ac.

  6. Yo estuve hasta los 16 meses con el primero y no seguí porque me quedé embarazada del segundo y estaba ya de 4 meses y muy cansada además que Didac ya comía de todo. La leche materna es lo mejor, nada creado por las personas puede ser mejor que lo que la naturaleza da. Yo tengo muchas peleas con mi madre por dar el pecho pero si algo tengo claro es que a mis hijos los criaré como yo crea que es mejor

  7. yo paser una experiencia igual y te entiendo a la perfeccion ver a tu bebito con todos esos tubos es horrible no se le decea a nadie… y que bien que intentaste lo de el pecho para tu bebe yo no tuve mucho exito con eso aunque lo intente no tenia mucha y tube que darle en formula tambien pero ahora mi bebe esta muy sanito recupero el peso rapido y ahora puedo decir que no he olvidado esa amarga experiencia pero la he superado tengo un bebe hermoso qu eahora casi cumple sus dos añitos y es mi vida…

  8. es horrible la experiencia a un mes de la operacion mi niña presenta reflujo otra vez en cada toma regresa algo, no se que hacer estoy desesperada el doc me diceque esta bien pero casi no duerme y se queja, me siento cansadisima y aunque si le pude volver a dar pecho, ahora meestoy quedando sin leche¡¡¡¡

  9. Pingback: Reflujo gastroesofágico (ERGE) y lactancia materna | ECV lactando

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