Conciliar, posponer, renunciar, equilibrar

Hoy 15 de mayo es el Día Internacional de las Familias. Desde primera hora las redes sociales bullen cual olla a presión con múltiples comentarios sobre el principal problema al que se enfrentan las familias: la conciliación. Un problema nada novedoso aunque altere las agendas y los nervios de las que lo vivimos a diario.

Conciliar la vida laboral y familiar es tarea de malabaristas, lo viene siendo desde que el mundo es mundo y no es un problema exclusivo de la especie humana, todos los seres vivos lo sufren en mayor o menor medida. En nuestro caso aparte de los actores protagonistas en la gran obra teatral de la conciliación: macho, hembra, crías aparecen unos actores secundarios: empresarios, facturas, sueldos, horarios interminables, convenios, leyes… que acaban engullendo a los actores principales llevándoles a su antojo hasta situaciones subrealistas como las que vivimos cada día.

Los animales concilian a base de reparto equitativo de las tareas: cuidado y adiestramiento de las crías, protección de la integridad de los integrantes del grupo familiar y obtención de alimento. Dependiendo de la especie y de las circunstancias unas veces son los machos y otras las hembras de encargarse de cada una de esas funciones básicas. Las mas de las veces son las hembras las encargadas del primer punto, fundamentalmente en los mamíferos, ya que son ellas las que tienen su cuerpo preparado para tal fin, aunque no por ello renuncian al resto de tareas, al igual que los machos, que si bien no pueden alimentar a sus vástagos en la primera fase participan activamente en el adiestramiento y protección de los pequeños, así como en el suministro de alimento para la hembra.

Cuando en ocasiones, por motivos diversos, uno, o ambos progenitores faltan la conciliación implica al resto del grupo, estableciéndose una solidaridad grupal que se encarga del cuidado de las crías hasta que estas pueden valerse por si mismas.

En los humanos, mamíferos al fin y al cabo, al principio, allá por el periodo paleolítico, también funciono así, las mujeres criaban, con todo lo que la palabra implica (alimentación, educación, enseñanza…) porque estaban biológicamente preparadas para ello, mientras los hombres procuraban la defensa y el alimento. Ellas no eran por ello consideradas el sexo débil, su función era vital para el desarrollo de la especie, su tarea garantizaba la permanencia del grupo humano en un entorno hostil. Esos primeros hombres y mujeres vivían en un matriarcado bastante equilibrado, ni ellas actuaban como tiranas, ni ellos se sentían infravalorados, eran un equipo. El resto del grupo colaboraba en la medida de lo posible, al igual que los animales: si ella faltaba otra hembra se ocupaba de los hijos, si faltaban los dos, el resto de los hombres los protegían. No había reproches, ni culpabilidades, ni renuncias.

Con el neolítico comienzan a surgir nuevas tareas: agricultura, artesanía, comercio… ellos y ellas se las reparten. Ellas se siguen ocupando del cuidado en los primeros años de los hijos, pero también participan del resto de tareas, aunque el clan familiar las protege y aparta de las mas pesadas durante los primeros meses de crianza, a las que, una vez que esta finaliza, y si no hay nuevos hijos en camino, se reincorporan con naturalidad. Durante esa ausencia otros miembros del clan la suplen, pero ella sigue recibiendo los beneficios que su trabajo le reportaba, sus necesidades básicas están cubiertas. En ese tiempo nadie le recrimina su abandono del trabajo, nadie la hace sentirse inferior por estar llevando a cabo una tarea “menor”… al contrario, son conscientes que en su regazo descansa un pilar básico para el desarrollo de su grupo, un descendiente que continuará su tarea y en cuyas manos esta el destino del clan familiar.

Fase a fase de la historia, periodo a periodo, nuestro valor como mujeres y madres se ha ido devaluando, el equilibrio se ha roto, y aunque tratamos en nuestras casas de revivirlo con el apoyo incondicional e incuestionable de nuestros compañeros, la sociedad se encarga cada día de ponernos trabas para que podamos llevarlo a cabo con éxito.

El equilibrio en este momento pasa por respetar los ritmos de cada parte de la pareja, tener en cuenta sus aspiraciones, sus sueños, sus posibilidades de desarrollarse personal y laboralmente, sin olvidar en el camino las necesidades de los hijos… ellos, no lo olvidemos, siguen constituyendo el futuro de nuestra sociedad, … de como cuidemos de ellos hoy depende en gran medida como será el mundo del mañana.

Pero ese equilibrio recibe continuas zancadillas externas: la legislación laboral, los empresarios, …,aunque son mas dolorosas las que nos propinamos nosotras mismas con la irrupción de un feminismo disfrazado de igualitarismo en el que se nos pide posponer, cuando no renunciar a facetas tan importantes para el desarrollo personal como la maternidad y la crianza en pro de otras no menos importantes como el desarrollo profesional y laboral. Esas zancadillas que se traducen en perdidas del puesto de trabajo, degradación profesional, estigmatización social tanto si se opta por posponer el trabajo para centrarse en la crianza, como si es esta a la que se renuncia por ascender peldaños en el mundo laboral y profesional.

Seguimos recibiendo, al igual que los animales, los beneficios de la solidaridad grupal, en nuestro caso representada por abuelos, parientes, amigos… que colaboran para que nuestra conciliación sea posible. Ellos, no lo olvidemos, son el gran cimiento de la conciliación.

Vivimos una realidad extraña en la que si concilias, inevitablemente pospones (determinados aspectos quedan relegados, no somos máquinas, no podemos abarcar plenamente todos nuestros anhelos), y en ocasiones renuncias. Si no logras conciliar, igualmente pospones y también renuncias.

En mi caso aunque muchas son las voces que opinaron que inevitablemente centrándome en la maternidad estaba renunciando a todo lo demás se equivocaban , tan solo pospuse y en el camino crecí mas como persona que en toda mi preparación previa, los conocimientos siguen en mi cabeza,  me sigo formando, sigo aprendiendo… Tome un camino alternativo que me hizo renunciar fundamentalmente a cosas materiales… las cosas no me abrazan, ni me sonríen, ni me dicen “te quiero”… ha pasado el tiempo y además de haber disfrutado de la experiencia de la maternidad también disfruto haciendo lo que me gusta laboralmente, a otro nivel, si es cierto, pero me quedan muchos años por delante para cumplir mis objetivos profesionales, y cuando los logre no miraré hacia atrás con pena por lo que me perdí, sino con satisfacción de haber hecho en cada momento lo que quería y necesitaba.

“Quien hace lo que quiere no está renunciando, sino logrando; no se sacrifica, sino que triunfa” Carlos González.

Conciliar: Conformar, hacer concordes o compatibles dos o mas elementos que son o parecen contrarios.

Posponer: Dejar para mas tarde.

Renunciar: Dejar voluntariamente algo que se posee o a lo que se tiene derecho. Dejar de hacer una cosa por sacrificio o necesidad.

Equilibrar: Hacer que una cosa no exceda ni supere a otra, manteniéndolas semejantes o proporcionalmente iguales.

 

4 pensamientos en “Conciliar, posponer, renunciar, equilibrar

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